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Becas Ana Itelman
ANA ITELMAN
"VIVIR PARA BAILAR"
(Historia de los becarios Ana Itelman)
PROGRAMA DE BECAS ANA ITELMAN
Se crea a comienzos del año 2007 como una iniciativa de los miembros de la Fundación Amigos del Teatro San Martín. En el Taller de Danza Contemporánea del Teatro San Martín se forman los bailarines que podrán integrar, eventualmente, el Ballet Contemporáneo del Teatro General San Martín. Por ello, resulta de interés para el Complejo Teatral de Buenos Aires que aquellos alumnos del Taller que se destaquen por su nivel académico y sus posibilidades artísticas, pero que no posean suficientes medios para cursar sus estudios, reciban ayuda económica.

Todos los alumnos del Taller tienen el derecho, si cumplen con los requisitos previstos por el presente Programa, a solicitar la Beca, ya que se trata de un reconocimiento al talento y es la distinción más alta que la institución puede brindar.

Los alumnos son preseleccionados por la Dirección Artística del Taller de Danza y miembros del cuerpo docente, quienes presentan la lista final de candidatos y sus antecedentes a la Fundación Amigos del TSM, que a su vez selecciona a los becarios a través de un Comité de Selección
VIVIR PARA BAILAR
Historia de los becarios Ana Itelman
Se crea a comienzos del año 2007 como una iniciativa de los miembros de la Fundación Amigos del Teatro San Martín. En el Taller de Danza Contemporánea del Teatro San Martín se forman los bailarines que podrán integrar, eventualmente, el Ballet Contemporáneo del Teatro General San Martín. Por ello, resulta de interés para el Complejo Teatral de Buenos Aires que aquellos alumnos del Taller que se destaquen por su nivel académico y sus posibilidades artísticas, pero que no posean suficientes medios para cursar sus estudios, reciban ayuda económica.
Becas 2017
Becas 2016
Becas 2015
Becas 2014
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Becas 2017

María Eugenia Pommorsky

María Eugenia Pommorsky (20) nació en Capital Federal y empezó a bailar a los catorce años en la escuela de danza Laura Raffino, donde también iban sus amigas. Pasado año y medio de tomar clases de clásico y contemporáneo, la profesora la llevó a ver una clase en el estudio de Olga Ferri, donde comenzaría a formarse con profesionales como Marisa Ferri, Gisela Munch, Analía Sosa y Paula Fontan. Simultáneamente, María Eugenia concurría a otros estudios, como el de Margarita Fernández (donde hacía elongación con Olga Aidarkina) y a Gurquel, con Gabriel Contreras. Además, cursó un año de la carrera de danza y acrobacia en Tigre con Ana Hepner y, en 2015, audicionó sin éxito para el Taller de Danza Contemporánea del Teatro San Martín. Sin embargo, al año siguiente, mientras transitaba el segundo en la carrera de danza contemporánea en Arte XXI, volvió a intentarlo y esta vez lo logró. Ese año, además, participó como actriz figurante en La Traviata, la clásica ópera de Verdi, en el Teatro Colón. Para María Eugenia, la danza es “lo más hermoso” que hace, pero también, “la manera de vivir” que elije. En ese vínculo que tiene con la disciplina y con la formación que allí recibe radica la importancia que tiene el Taller para ella.


Daniela Pérez Ibarra

Gracias a una recomendación médica, Daniela Pérez Ibarra (22) comenzó a estudiar danzas a los cinco años en una escuela en Claypole, en la Provincia de Buenos Aires. A esa experiencia inicial le siguió otra en el barrio porteño de La Paternal y, más tarde, ingresó a la Escuela Nacional de Danzas N° 2 “Jorge Donn”, donde se recibió de maestra. Un año después, comenzó a cursar en la UNA (Universidad Nacional de las Artes) y, en 2016, ingresó al Taller de Danza del San Martín. “En 2013, había visto una muestra de trabajos creativos del Taller en mi escuela. Ese día supe con absoluta certeza que quería estudiar y pertenecer  a él”, relata Daniela, oriunda de Lima, Perú. No obstante, antes de lograrlo, audicionó dos años consecutivos: “Fueron los más difíciles económicamente para mi mamá y para mí. Le debo a ella haber podido persistir”. Para Daniela, el Taller representa la oportunidad más grande para formarse: “Tuve la suerte de conocer maestros como Haichi Akamine, Liliana Belfiore y Mimí Szleszynski. “Bailar es una decisión que renuevo constantemente, atraviesa todos los aspectos de mi vida. Cuando bailo, encuentro una gran satisfacción. Voy superando mis propios límites y, al mismo tiempo, lidio con ciertas frustraciones (la contracara del “sueño del bailarín profesional”), relacionadas a la incertidumbre y a las exigencias de la disciplina. De todas formas, acepto felizmente esas dicotomías relativas a la danza porque tengo la convicción de que los bailarines somos actores políticos, y la danza una práctica social, movilizada por una vocación de comunicar, de conmover y ser conmovidos”.


Elisa Michel

“Bailar es lo que quiero hacer todos los días: lo elijo, lo amo y lo necesito”. Así describe Elisa Michel (20) su relación con la danza. Con sólo cuatro años, comenzó a bailar jazz y danza contemporánea en el Instituto Ysis –con Silvana Ferrari y Mariana Cabrera–, en Gualeguaychú, Entre Ríos, su municipio natal. A los doce, incursionó en clásico en el instituto de Silvia Marchesini, donde se enteró de la existencia del Taller de Danza Contemporánea del Teatro San Martín a través de una compañera, y decidió audicionar. Tras haber pasado la prueba, dejó su amada ciudad para radicarse en Buenos Aires: “El Taller es un lugar gratificante. Además de tener una formación profesional con excelentes maestros, me dio la confianza para seguir en un camino tan arduo como el de la danza”. Según Elisa, se trata de un espacio en el que los problemas no suponen una dificultad, sino más bien una posibilidad de crecimiento. “Una vez que alguien conoce realmente la danza, no puede dejarla”, asegura.


Facundo Eduardo Idio 

Nacido en San Miguel, Provincia de Buenos Aires, Facundo Eduardo Idio (23) comenzó a bailar a los trece años en la Escuela de Comedia Musical de Valeria Lynch. “Fue gracias a mi tía: ella vio que me gustaba bailar desde muy chico”. Dado que su familia no podía costearlo, su tía solicitó una beca para él y le fue otorgada. En ese entonces, asistía a una escuela técnica y su único horario libre era los sábados, por lo que se anotó en comedia musical, la disciplina más cercana a lo que quería aprender. Luego de tres años de estudiar allí, comenzó a entrenarse en jazz, ballet y hip hop. Su talento lo llevó, en el marco de los congresos internacionales que organizaba la escuela de Valeria Lynch, a obtener dos becas: la Jacob´s Pillow (2013) y otra en la Universidad de Point Park, en Pittsburgh, Estados Unidos (2015). Facundo sólo pudo aprovechar la primera de ellas. En 2014 estudió Teatro Musical en la Escuela de Danzas de Julio Bocca y, al año siguiente, ingresó al Taller del San Martín, gracias a algunas de sus maestras de danza como Julieta Carbonell, y más tarde, Sonia Von-Potobsky, quienes lo convencieron de intentarlo. Poco tiempo después, sufrió una lesión en la columna y tuvo que dejar el Taller para rehabilitarse. Pero unos meses más tarde se reincorporó, aunque por su ausencia tuvo que recursar en 2016. Nada lo detuvo: estaba feliz de volver al Taller. Diariamente, Facundo viaja más de cuatro horas para poder formarse. ¿Qué es bailar para él? “Es mi vida, mi pasión, todo lo que amo. Es tener un instante en el que realmente soy yo”.

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Becas 2016

Oriundo de Salta, Gastón Bongiovanni comenzó su formación en 2006 en la Academia de Liliana Rinaldi, donde incursionó en jazz, clásico, hip hop, ritmos caribeños y zapateo irlandés. A fines de 2012 estudió contemporáneo con la coreógrafa Sandra Rearte y, un año más tarde, viajó a Buenos Aires para ingresar al curso de varones del Instituto Superior del Teatro Colón. Luego se perfeccionó con Martín Miranda en la escuela Arte XXI y tomó clases particulares con maestros como Aichi Akamine en 2014. Al año siguiente audicionó con éxito en el Taller de Danza del Teatro San Martín: “Tanta dedicación dio sus frutos”, dice Gastón emocionado. “La atención de los maestros está puesta en el crecimiento de cada uno de nosotros”. Para Gastón, hoy el Taller es su familia y le da la posibilidad de ser su mejor versión. “Bailar soy yo. Me termina de formar internamente. Me moviliza. Me permite estar presente, poder disfrutarme en cada paso, hacer vibrar mi vida”.

Eliana Picallo nació en Pigüé, “un pueblito de la Provincia de Buenos Aires, cerca de Bahía Blanca”, describe con humildad. A los siete era hiperactiva y, como nada la entretenía, espiaba a las alumnas del Instituto Coreográfico Pigüé: “Un día salió la profesora y me dio un papelito con los horarios para que arrancara a estudiar clásico”. Sus primeros pasos en contemporáneo fueron a los doce, pasando por técnicas como Flying-Low, Graham y Muller, hasta que terminó el secundario y decidió audicionar para el Taller: “En ese momento no sé si era consciente del lugar al que entraba, pero sentía que tenía que estar ahí”, confiesa. “Quisiera que la formación no termine nunca, porque el abanico de posibilidades y desafíos que propone el Taller es increíble, como experimentar mi lado compositivo, que era algo que jamás había transitado”. ¿Qué es bailar para Eliana? “Ser uno mismo en su mayor expresión sin pensar en nada externo. La danza no es algo en mi vida, sino que es mi vida”.

A los diecisiete años Marcos Ormeño estudió folclore en Villa Unión, Provincia de La Rioja. Por entonces, su mamá le recriminaba que sus únicas actividades eran la escuela y el básquet. Pero de pronto la danza se volvió más importante: “Mi papá es músico, mi madre ama la danza. El arte está en mis venas”, confiesa. Un año después viajó a la capital de su provincia para aprender danza contemporánea y técnicas mixtas. Marcos formó parte del Ballet Municipal durante tres años, profundizando en diversas técnicas. En Santa Fe conoció a integrantes del Ballet Martín Fierro, quienes lo invitaron a bailar y le contaron del Taller del San Martín. Aunque no se tenía mucha fe, en 2014 se animó y probó que podía: “No había estudiado clásico, por lo que tuve sólo medio año para aprender. Mientras, era alumno condicional”. Marcos superó el desafío de asimilar la danza clásica a los veintidós años. “Estoy muy agradecido con Norma Binaghi por darme la oportunidad de una formación académica por primera vez en mi vida. Antes me movía por la emoción, sin entender muchos aspectos de la danza”. Al bailar, Marcos disfruta explorando mundos propios y aquellos que los coreógrafos le proponen. 

A los ocho años Andrea Pollini le anunció a su familia que quería bailar. Y lo logró: la llevaron a la Escuela Municipal de Danzas Norma Fontenla en Mar del Plata, donde vivía hasta que se mudó a Buenos Aires. El sueño de Andrea era vivir de la danza, a la que define como una necesidad básica. “Disfruto muchísimo bailar y compartirlo con quienes quieran apreciarlo. Por eso, estudiar en el Taller es alcanzar un lugar increíble de formación profesional y artística, pero también humana”. A sus veinte, hoy está cursando el último año, mientras se perfecciona en danza clásica en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón.

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Becas 2015

MATÍAS CORIA, 20 AÑOS 

“Ganar esta beca fue un enorme logro personal, lo siento como un premio a tantos años de esfuerzo. Además, es una gran motivación ya que me ayuda a vivir tranquilo, sin ningún tipo de ayuda económica, con la beca me puedo dedicar a mi pasión, la danza”.

Matías nació en la provincia de San Luis, en el pequeño pueblo de Unión, en el que todos los vecinos se conocen. Como es tradición allí, a los 5 años empezó a bailar folklore, y cuenta que, a pesar de su cortísima edad, “algo de eso me atrapó y quedé metido para siempre en el mundo de la danza”. Años después, estudiando danza clásica en la ciudad de San Luis, oyó hablar del Taller Contemporáneo y se dio cuenta de que lo que había empezado como un hobby se estaba transformando en una pasión que quería perseguir profesionalmente.

Fue así como en el año 2013, mientras terminaba de cursar la escuela secundaria,  participó de una audición por video para el Boston Ballet, en EE.UU. Sin demasiadas expectativas, envió su DVD… y resultó seleccionado para asistir, becado durante dos meses, para perfeccionarse técnicamente en una de las compañías de ballet más importantes de Norteamérica. Ese mismo año llegó también a la final de los Premios Julio Bocca.

Al regresar a la Argentina, participó de las audiciones para ingresar a la compañía de ballet dirigida por Iñaqui Urlezaga, y fue el único entre 200 candidatos que llegó a la etapa final de selección. En ese momento, decidió focalizarse en su proceso de formación académica e ingresó al Taller de Danza Contemporánea del Teatro San Martín, presente en su mente desde hacía tantos años.

Matías recuerda con mucho cariño hasta hoy a su maestra en San Luis –Laura Torres Cappiello, a quien considera su gran mentora, amiga, y consejera-. Nos cuenta convencido que fue gracias a sus consejos y apoyo que logró entrar al Taller y ganar la Beca Ana Itelman: “Ganar esta beca fue un enorme logro personal, lo siento como un premio a tantos años de esfuerzo. Además, es una gran motivación ya que me ayuda a vivir tranquilo, sin ningún tipo de ayuda económica, con la beca me puedo dedicar a mi pasión, la danza”.

 

DAMIÁN SABAN, 22 AÑOS

“Que en segundo año tengas la posibilidad de que te vea el director de una compañía como el Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín es una oportunidad única en la vida. Y haberla ganado entonces, es un reconocimiento a la constancia y paciencia que hay que tener para dedicarnos a esto”.  

A los tres años, Damián se inició en el mundo de la danza, acompañando a su hermana mayor que estudiaba danzas folklóricas, en el pueblito de Hermoso Campo, en el Chaco. De hecho, sigue conectado con el folklore, habiendo bailado hace muy poco en el Festival de Cosquín 2016. “Siento que bailo desde que estaba en la panza de mamá y le agradezco a la vida que me permitió dedicarme a esto”.

Siendo el mayor de 4 hermanos, siempre fue muy independiente. Por eso, siguió estudiando danzas regionales, flamenco, y clásica, a la vez que completaba sus estudios: “Mamá me apoyaba, incluso cuando le dije que me quería ir  a Resistencia a perfeccionarme. Pero siempre insistiendo en que terminara la secundaria”. 

Estudiando danza clásica en Resistencia, obtuvo una beca para estudiar en el Ballet del Chaco y luego en la Compañía Nacional de Danza, ya en Buenos Aires. Pero había oído hablar del Taller de Danza Contemporánea del Teatro San Martín y decidió presentarse a una audición. Y resultó seleccionado. Damián cuenta que “te dan una formación que no existe a nivel mundial, que va más allá de lo académico, por la calidad de personas que conforman el taller”.

Al enterarse de la existencia de la Becas Ana Itelman, decidió presentarse: “Que en segundo año tengas la posibilidad de que te vea el director de una compañía como el Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín es una oportunidad única en la vida. Y haberla ganado entonces, es un reconocimiento a la constancia y paciencia que hay que tener para dedicarnos a esto”.  El apoyo económico brindado por la beca le permitió dedicarse con tranquilidad a sus estudios en el Taller. Y le permite pensar en concretar un sueño: que su mamá lo vea bailar como miembro del Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín, en un futuro no muy lejano.

 

 

2015

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Becas 2014

Vanesa Etchazarreta y Raúl Manzano son algunos de los estudiantes del Taller de Danza Contemporánea del Teatro San Martín que han sido beneficiados con la Beca Ana Itelman en 2014. Aquí comparten con nosotros su experiencia a lo largo de su año de estudios.

“Haber ganado la beca fue un momento clave en mi vida, para entender que podía valorarme más, y seguir adelante aprendiendo día tras día”.

La danza es parte indisoluble de la identidad de Raúl desde que tiene memoria. En su San Juan natal, a los 5 años, siguiendo los pasos de su hermana mayor, empezó a estudiar folklore. Descubrió, a los 14, que le atraía mucho el jazz, y a los 17 inició su formación clásica, con la ilusión de entrar algún día al Colón. Al terminar la secundaria, ingresó al IUNA (Instituto Universitario Nacional del Arte) ya en Buenos Aires, y al rendir primer año decidió presentarse paralelamente en los exámenes de ingreso para el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón y para el Taller de Danza Contemporánea del Teatro San Martín, en donde fue aceptado.

A la semana de ingresar a ese mundo tan nuevo para él estaba encantado. “El taller es un lugar muy pero muy especial, y la danza contemporánea fue para mí un enorme descubrimiento”. Cuenta que la formación impartida va mucho más allá de la preparación técnica que necesita un bailarín. “En el taller te muestran y transmiten todas las posibilidades que tiene el arte, y la vida, y eso te ayuda a bailar desde otro lugar”. Recuerda que en el IUNA no le gustaban las clases de composición, y ahora, en cambio, en el taller “improvisamos todo el tiempo, y hasta me veo dedicándome a la coreografía en algún momento de mi vida, más adelante”.

Raúl se presentó a la audición para la Beca Ana Itelman con pocas expectativas y muchos nervios. Los ojos se le iluminan al reflexionar que “la ayuda económica es una gran motivación, pero lo más importante es que haber ganado la beca fue un momento clave en mi vida, para entender que podía valorarme más, y seguir adelante aprendiendo día tras día”.

Entrar al Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín, en el futuro, es su sueño, así como también tener la oportunidad de viajar para conocer otras compañías en el exterior, ya que considera que existen otros vocabularios en el mundo de la danza contemporánea que le gustaría experimentar. Su familia lo apoya con enorme alegría y orgullo. “Haberme ganado la beca me dio la posibilidad de no tener que trabajar para mantenerme, y es un gran respiro para mí y para mis padres”. 

 

Vanesa siempre supo que quería ser bailarina. Cuando su maestra de danza le dijo a sus padres que ya no tenía nada más para enseñarle y que por sus condiciones tenía grandes posibilidades de entrar al Colón, la familia dejó su Gualeguaychú natal, en Entre Ríos, y se instaló en Buenos Aires para apoyar a esa nenita de 11 años que aprobó los 3 estrictos exámenes de ingreso al Instituto Superior de Arte del Teatro Colón.

A los 19 años se recibió, y el mismo día que rindió su último examen en el Colón, se anotó en el Taller de Danza Contemporánea del Teatro San Martín. “Siempre tuve necesidad de bailar más, de ampliar mis horizontes”. Cuenta que su ingreso al taller fue revelador: “Me costó mucho romper con la estructura que traía de la danza clásica, esa rigidez, hacerte el rodete perfecto, y el taller me abrió mucho la cabeza, fue como empezar de cero!”. Agrega que ingresar al taller representó un gran desafío que la obligó a replantearse su formación y su visión sobre la danza, haciendo que viera todo desde una nueva mirada.

Con la misma pasión que la motivó a bailar desde siempre, Vanesa se anotó para la audición a la Beca Ana Itelman mientras se decía a si misma que tenía que ganarla sí ó sí, y empezó a prepararse especialmente varios meses antes. En ese momento vivía en una residencia estudiantil que tenía que dejar porque el valor del alquiler había aumentado mucho y le resultaba imposible seguir costeándolo. “Me puse a llorar como una loca cuando me dijeron que me había ganado la beca y gracias a eso pude mudarme y estar tranquila”.

Considera que el taller es “la mejor escuela de la Argentina, la más completa, porque en el Colón te dan sólo técnica clásica”. Agrega que esto es por la diversidad de materias que hay en la currícula, por el elevadísimo nivel de performance que se le exige a los alumnos, y por la calidad humana y la experiencia de los maestros que, en sus palabras, son únicos. “Somos verdaderos privilegiados los que estamos acá, con estos maestros”.

En su futuro se imagina siempre bailando. “Amo ser intérprete, amo bailar, quiero entrar al Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín, y por qué no, luego, a alguna compañía europea”.