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Becas Ana Itelman
ANA ITELMAN
"VIVIR PARA BAILAR"
(Historia de los becarios Ana Itelman)
BECAS 2019

VIVIR DE LA PASIÓN

 

El Programa de Becas Ana Itelman, creado en 2007 por iniciativa de la Fundación Amigos del Teatro San Martín, permite que los alumnos y alumnas del Taller de Danza Contemporánea que se destacan por su nivel académico y artístico reciban ayuda económica para desarrollar sus estudios. 

 

Julieta González tiene 21 años y es de la provincia de Santa Fe.  Después de formarse de pequeña en danza clásica, contemporánea y jazz, con maestras y estudios privados, ganó una beca en Rosario que le permitió venir a Buenos Aires en 2017. “En el interior no hay institutos como el Colón oVIVIR DE LA PASIÓN el San Martín”. Por eso, ingresar al Taller de Danza Contemporánea del Teatro San Martín, es una posibilidad de investigar, encontrar lenguajes y desafiarse.
Los postulantes al Taller deben tener entre 17 y 21 años, un mínimo de 4 años de formación contínua en danza clásica y contemporánea y presentar un curriculum. Los preseleccionados ingresan a través de un proceso de audiciones que incluye pruebas rítmicas y clases con etapas eliminatorias. La cursada es un privilegio: clases seis veces por semana, incluso los días sábados, entre cuatro o cinco horas diarias, además de ensayos durante las mañanas, en un marco de excelencia, trabajo y respeto. 

Sin embargo, este ritmo reduce significativamente las posibilidades de los estudiantes de tener otros trabajos. Para Gloria Regina Araguna, una de las beneficiarias de las Becas Ana Itelman, “nos ayudan a poder concretar esta formación. Todos necesitamos ayuda familiar y a veces no estamos en las mejores situaciones.” Muchos de los estudiantes del Taller de Danza son del interior o del Gran Buenos Aires, y necesitan afrontar gastos diarios de traslados, alquiler y manutención. El entrenamiento les exige dedicación absoluta, además de tener que descansar y comer bien para brindar cada día lo mejor.

Bárbara Benavente se mudó a los 17 años desde Mar del Plata, a través de una beca del Consejo Argentino de la Danza. Un año después, hizo la audición para ingresar al Taller, pero tuvo que buscar trabajo. “Daba cuatro clases de entrenamiento fìsico por día, de lunes a viernes. Cuando empecé tercer año conseguí un trabajo administrativo por la mañana, que es con lo que me mantuve hasta ahora. Gracias a la beca de la Fundación pude dedicarme puramente al taller y a dar clases”.  

Rocío Duarte tiene 22 años y es de Longchamps. “Más allá de la ayuda económica, la Beca es un reconocimiento a nuestro trabajo diario y el de nuestros maestros. Tiene gran valor para mí poder llevar esta responsabilidad”.  Para Violeta Echenique, “es tener el derecho a poder vivir de esto. Es un reconocimiento a nuestro deseo de poner todas las energías en el taller. Me tranquiliza y me posibilita decir: apostá por este camino y dalo todo”.

Lihuén Fiorotto es oriundo de Larroque, provincia de Entre Ríos. “Es una ciudad muy chica, de 7000 habitantes, donde ser bailarín y ser hombre son mundos opuestos que no están buenos vivir. La Beca es un alivio, significa poder pagarme el subte y comer bien, afrontar viáticos, no tener que depender de mis padres”. Alejo Herrera tiene 19 años y es de Moreno.“El arte está desvalorizado y cuesta conseguir cosas en el aspecto económico. Las Becas Ana Itelman son una posibilidad, teniendo en cuenta que vivimos lejos y tenemos una carga horaria con mucho desgaste. Participar en el Taller me llenó de nuevas experiencias, porque son momentos únicos.”

El primer año tiene un carácter más introductorio, a través de distintas técnicas y lenguajes muchas veces desconocidos por los estudiantes. El segundo es más exigente técnicamente: se forman en las técnicas Graham y Cunningham. El tercero, está orientado a la interpretación y la dirección, a través  de trabajos de tesis, donde los estudiantes dirigen y participan en creaciones de sus compañeros.

Mara Wiernes Dobal, quien tiene 22 años y vino desde Chaco, afirma que el Taller es mucho más que un espacio donde descubrir estilos y formas de trabajo. “En esta vorágine enorme que es la ciudad, encontrás pares. Por eso es importante reconocer su lugar y todo lo que aporta a la sociedad y la cultura de los bailarines”. Todos coinciden: el Taller es un lugar de renombre en la Argentina y en el mundo, que les abre puertas. Un espacio de aprendizaje, investigación y encuentro, con un nivel muy alto de entrega de los compañeros y docentes. “Nos contienen y se preocupan por nuestro cuerpo y nuestras emociones, y eso me hace sentir muy afortunada”, afirma Mara.  

La fundación Amigos del Teatro San Martín, a través de las Becas Ana Itelman, otorga becas estímulo y becas de excelencia, que tienen en cuenta tanto la motivación como el nivel de necesidad económica. Quienes se postulan deben pasar por un proceso de audiciones. Se trata de un reconocimiento al talento y es la distinción más alta que la institución puede brindar. Los alumnos son preseleccionados por la Dirección Artística del Taller de Danza y miembros del cuerpo docente, quienes presentan la lista final de candidatos y sus antecedentes a la Fundación Amigos del TSM, que a su vez selecciona a los becarios a través de un Comité de Selección. 

“Esta formación  es un comienzo y no el final”, afirma Julieta González. “El futuro o el afuera dan un poco de incertidumbre, pero es también parte de lo que nos gusta. Si queremos trabajar de lo que hacemos, porque nos dedicamos más a hacer obras independientes. También está la experiencia que tenemos en las tesis como directores para futuros proyectos, y la posibilidad de espacios oficiales como El Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín
o el Colón”.



VIVIR PARA BAILAR
Historia de los becarios Ana Itelman
Se crea a comienzos del año 2007 como una iniciativa de los miembros de la Fundación Amigos del Teatro San Martín. En el Taller de Danza Contemporánea del Teatro San Martín se forman los bailarines que podrán integrar, eventualmente, el Ballet Contemporáneo del Teatro General San Martín. Por ello, resulta de interés para el Complejo Teatral de Buenos Aires que aquellos alumnos del Taller que se destaquen por su nivel académico y sus posibilidades artísticas, pero que no posean suficientes medios para cursar sus estudios, reciban ayuda económica.
Becas 2018
Becas 2017
Becas 2016
Becas 2015
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BECAS 2019

VIVIR DE LA PASIÓN

 

El Programa de Becas Ana Itelman, creado en 2007 por iniciativa de la Fundación Amigos del Teatro San Martín, permite que los alumnos y alumnas del Taller de Danza Contemporánea que se destacan por su nivel académico y artístico reciban ayuda económica para desarrollar sus estudios. 

 

Julieta González tiene 21 años y es de la provincia de Santa Fe.  Después de formarse de pequeña en danza clásica, contemporánea y jazz, con maestras y estudios privados, ganó una beca en Rosario que le permitió venir a Buenos Aires en 2017. “En el interior no hay institutos como el Colón oVIVIR DE LA PASIÓN el San Martín”. Por eso, ingresar al Taller de Danza Contemporánea del Teatro San Martín, es una posibilidad de investigar, encontrar lenguajes y desafiarse.
Los postulantes al Taller deben tener entre 17 y 21 años, un mínimo de 4 años de formación contínua en danza clásica y contemporánea y presentar un curriculum. Los preseleccionados ingresan a través de un proceso de audiciones que incluye pruebas rítmicas y clases con etapas eliminatorias. La cursada es un privilegio: clases seis veces por semana, incluso los días sábados, entre cuatro o cinco horas diarias, además de ensayos durante las mañanas, en un marco de excelencia, trabajo y respeto. 

Sin embargo, este ritmo reduce significativamente las posibilidades de los estudiantes de tener otros trabajos. Para Gloria Regina Araguna, una de las beneficiarias de las Becas Ana Itelman, “nos ayudan a poder concretar esta formación. Todos necesitamos ayuda familiar y a veces no estamos en las mejores situaciones.” Muchos de los estudiantes del Taller de Danza son del interior o del Gran Buenos Aires, y necesitan afrontar gastos diarios de traslados, alquiler y manutención. El entrenamiento les exige dedicación absoluta, además de tener que descansar y comer bien para brindar cada día lo mejor.

Bárbara Benavente se mudó a los 17 años desde Mar del Plata, a través de una beca del Consejo Argentino de la Danza. Un año después, hizo la audición para ingresar al Taller, pero tuvo que buscar trabajo. “Daba cuatro clases de entrenamiento fìsico por día, de lunes a viernes. Cuando empecé tercer año conseguí un trabajo administrativo por la mañana, que es con lo que me mantuve hasta ahora. Gracias a la beca de la Fundación pude dedicarme puramente al taller y a dar clases”.  

Rocío Duarte tiene 22 años y es de Longchamps. “Más allá de la ayuda económica, la Beca es un reconocimiento a nuestro trabajo diario y el de nuestros maestros. Tiene gran valor para mí poder llevar esta responsabilidad”.  Para Violeta Echenique, “es tener el derecho a poder vivir de esto. Es un reconocimiento a nuestro deseo de poner todas las energías en el taller. Me tranquiliza y me posibilita decir: apostá por este camino y dalo todo”.

Lihuén Fiorotto es oriundo de Larroque, provincia de Entre Ríos. “Es una ciudad muy chica, de 7000 habitantes, donde ser bailarín y ser hombre son mundos opuestos que no están buenos vivir. La Beca es un alivio, significa poder pagarme el subte y comer bien, afrontar viáticos, no tener que depender de mis padres”. Alejo Herrera tiene 19 años y es de Moreno.“El arte está desvalorizado y cuesta conseguir cosas en el aspecto económico. Las Becas Ana Itelman son una posibilidad, teniendo en cuenta que vivimos lejos y tenemos una carga horaria con mucho desgaste. Participar en el Taller me llenó de nuevas experiencias, porque son momentos únicos.”

El primer año tiene un carácter más introductorio, a través de distintas técnicas y lenguajes muchas veces desconocidos por los estudiantes. El segundo es más exigente técnicamente: se forman en las técnicas Graham y Cunningham. El tercero, está orientado a la interpretación y la dirección, a través  de trabajos de tesis, donde los estudiantes dirigen y participan en creaciones de sus compañeros.

Mara Wiernes Dobal, quien tiene 22 años y vino desde Chaco, afirma que el Taller es mucho más que un espacio donde descubrir estilos y formas de trabajo. “En esta vorágine enorme que es la ciudad, encontrás pares. Por eso es importante reconocer su lugar y todo lo que aporta a la sociedad y la cultura de los bailarines”. Todos coinciden: el Taller es un lugar de renombre en la Argentina y en el mundo, que les abre puertas. Un espacio de aprendizaje, investigación y encuentro, con un nivel muy alto de entrega de los compañeros y docentes. “Nos contienen y se preocupan por nuestro cuerpo y nuestras emociones, y eso me hace sentir muy afortunada”, afirma Mara.  

La fundación Amigos del Teatro San Martín, a través de las Becas Ana Itelman, otorga becas estímulo y becas de excelencia, que tienen en cuenta tanto la motivación como el nivel de necesidad económica. Quienes se postulan deben pasar por un proceso de audiciones. Se trata de un reconocimiento al talento y es la distinción más alta que la institución puede brindar. Los alumnos son preseleccionados por la Dirección Artística del Taller de Danza y miembros del cuerpo docente, quienes presentan la lista final de candidatos y sus antecedentes a la Fundación Amigos del TSM, que a su vez selecciona a los becarios a través de un Comité de Selección. 

“Esta formación  es un comienzo y no el final”, afirma Julieta González. “El futuro o el afuera dan un poco de incertidumbre, pero es también parte de lo que nos gusta. Si queremos trabajar de lo que hacemos, porque nos dedicamos más a hacer obras independientes. También está la experiencia que tenemos en las tesis como directores para futuros proyectos, y la posibilidad de espacios oficiales como El Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín
o el Colón”.

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Becas 2018

EL FUTURO DE LA DANZA

En el Taller de Danza Contemporánea se forman los bailarines que podrán integrar el Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín. El Programa de Becas Ana Itelman, creado en 2007 por iniciativa de la Fundación Amigos del Teatro San Martín, permite que aquellos alumnos que se destaquen por su nivel académico y sus posibilidades artísticas reciban ayuda económica para afrontar sus estudios. 

 

Camila Buzzi Carrocera se enteró del Taller de Danza mientras cursaba en la Escuela Municipal de Danzas de Mar del Plata. Por recomendación de compañeras que habían ingresado, decidió presentarse. “Quería estar ahí”, recuerda Camila. “Recién al segundo año pude ingresar”. Luego de mandar un currículum vitae, los preseleccionados de entre 17 y 21 años asisten a una audición que incluye pruebas rítmicas, físicas y clases que implican etapas eliminatorias. De un promedio de 300 postulantes, sólo ingresan 25 cada año al Taller, un espacio de formación gratuito en danza contemporánea. Incluye actividades de lunes a sábados y tiene una duración de tres años. Para Camila “no se trata sólo de venir y cumplir, es una forma de vida”. Ella es de Mar del Plata y trabaja para sostenerse. “Alquilo mi departamento, pago mis cuentas, compro la comida, en función de estudiar y ponerlo todo al servicio de la danza. La beca me permitió afrontar esto”.
Los becarios, que están cursando el segundo y el tercer año del Taller, provienen de geografías alejadas de la Ciudad de Buenos Aires. 

 

Armando Ressi vino desde Jujuy. “Estamos muy orgullosos y queremos agradecer la posibilidad de este espacio gratuito de excelencia, con profesores que te forman no sólo como bailarín, también como coreógrafo, como intérprete capaz de investigar la danza y practicar la docencia”.
El taller demanda un entrenamiento físico diario, además de ensayos, funciones y horarios extras. Se agregan materias como Luminotécnica o Historia de la Danza, el taller coreográfico en primer año, los trabajos de tesis en tercero, clases de técnicas formativas y análisis de movimiento. 

 

Para Sofía Passarelli, una de las seis beneficiarias de las becas Ana Itelman, “te revoluciona a nivel artístico y personal. Uno se va nutriendo en estos tres años muy profundos, nos vemos todos los días. Somos una gran familia. Más allá de la ayuda económica, lo tomo como un incentivo, algo que posibilita seguir haciendo y formándote por este lado tan personal”. 

Tres de los becarios provienen de Florencio Varela, de Moreno y de la zona norte de la provincia de Buenos Aires. “Más allá de que el taller es gratuito, nosotros vivimos lejos, viajamos todos los días dos horas de ida y de vuelta. Por eso la beca es una ayuda importante”, afirma Facundo Idio. El ritmo de actividades hace que pasen la mayor parte de su tiempo en la ciudad de Buenos Aires y sólo dispongan de los domingos para descansar o hacer las tareas de la casa. 

Los becarios tienen compañeros de Chile, Venezuela y Bolivia, como es el caso de Jesús Rea López. “En la ciudad de la Paz, la formación artística me resultaba incompleta”, señala Jesús. “Dejé a un lado lo que conlleva quedarme, me despedí de la familia y empecé a extrañar. Después ya nada es igual. Con los compañeros trabajamos con lo mismo. He pasado momentos complicados y lo que me mantuvo es la danza, lo que nos ayuda a salir de las dificultades”. 


“A través del taller uno crece en lo físico, en lo conceptual y en lo emocional”, agrega Armando. Para Sofía, “es un lugar del que salís formado en muchos sentidos, como persona, “te mueve” y modifica. La mayoría de nosotros venimos de una escuela de danza barrial, y si uno quiere dedicarse al arte, se encuentra con todo este espectro nuevo, el profesionalismo”. 

 

Los alumnos tienen la posibilidad de tomar clases con el Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín una o dos veces por semana. “Es una experiencia profesional más grande que la que ya tenemos en el Taller, entender cómo funciona la Compañía y su trabajo”, afirma Agustina Mamsuk. “Tenemos la posibilidad de poder integrar el Ballet cuando terminemos el ciclo de formación”.
Según las vacantes disponibles, la orientación estética del Ballet y del tipo de bailarines, son muchos los caminos posibles de los egresados del Taller: crear compañías independientes, continuar en la docencia o la investigación de movimiento, aplicar a alguna beca dentro y fuera del país. Estos seis jóvenes bailarines, en un futuro próximo, se enfrentarán al desafío de la inserción profesional. “A veces son trabajos temporarios, pero se empiezan a abrir caminos”, agrega Camila. En una profesión donde nada es estable ni permanente, resulta vital prepararse y tener herramientas para poder ampliar el espectro de posibilidades. 

 

“La información sigue decantando en el cuerpo y cada uno tiene su tiempo”, reflexiona Sofía. Durante esos últimos años, distintos egresados se han dedicado a la danza clásica, al jazz, al folklore o a la danza contemporánea. “En tercer año se abre la posibilidad de ver otros lenguajes y van descubriendo qué afinidades tienen con esos materiales”, afirma Norma Binaghi, la directora del Taller de Danza Contemporánea. “Tratamos de que se vayan con lo mejor, que salgan al mundo lo más completos y preparados. Todavía quedan zonas pendientes: contar con un salón más grande donde profundizar las búsquedas. Siempre falta pero seguimos trabajando y pensando cómo crecer. Las becas Ana Itelman de la Fundación han sido y siguen siendo una gran ayuda y motivación para ellos, más allá que muchos tienen que seguir trabajando porque con eso sólo no les alcanza. Se empezó con cuatro becas y ahora tenemos seis, quizá todavía se puedan lograr algunas más. Ellos y también desde la institución estamos muy agradecidos.” 

 

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Becas 2017

María Eugenia Pommorsky

María Eugenia Pommorsky (20) nació en Capital Federal y empezó a bailar a los catorce años en la escuela de danza Laura Raffino, donde también iban sus amigas. Pasado año y medio de tomar clases de clásico y contemporáneo, la profesora la llevó a ver una clase en el estudio de Olga Ferri, donde comenzaría a formarse con profesionales como Marisa Ferri, Gisela Munch, Analía Sosa y Paula Fontan. Simultáneamente, María Eugenia concurría a otros estudios, como el de Margarita Fernández (donde hacía elongación con Olga Aidarkina) y a Gurquel, con Gabriel Contreras. Además, cursó un año de la carrera de danza y acrobacia en Tigre con Ana Hepner y, en 2015, audicionó sin éxito para el Taller de Danza Contemporánea del Teatro San Martín. Sin embargo, al año siguiente, mientras transitaba el segundo en la carrera de danza contemporánea en Arte XXI, volvió a intentarlo y esta vez lo logró. Ese año, además, participó como actriz figurante en La Traviata, la clásica ópera de Verdi, en el Teatro Colón. Para María Eugenia, la danza es “lo más hermoso” que hace, pero también, “la manera de vivir” que elije. En ese vínculo que tiene con la disciplina y con la formación que allí recibe radica la importancia que tiene el Taller para ella.


Daniela Pérez Ibarra

Gracias a una recomendación médica, Daniela Pérez Ibarra (22) comenzó a estudiar danzas a los cinco años en una escuela en Claypole, en la Provincia de Buenos Aires. A esa experiencia inicial le siguió otra en el barrio porteño de La Paternal y, más tarde, ingresó a la Escuela Nacional de Danzas N° 2 “Jorge Donn”, donde se recibió de maestra. Un año después, comenzó a cursar en la UNA (Universidad Nacional de las Artes) y, en 2016, ingresó al Taller de Danza del San Martín. “En 2013, había visto una muestra de trabajos creativos del Taller en mi escuela. Ese día supe con absoluta certeza que quería estudiar y pertenecer  a él”, relata Daniela, oriunda de Lima, Perú. No obstante, antes de lograrlo, audicionó dos años consecutivos: “Fueron los más difíciles económicamente para mi mamá y para mí. Le debo a ella haber podido persistir”. Para Daniela, el Taller representa la oportunidad más grande para formarse: “Tuve la suerte de conocer maestros como Haichi Akamine, Liliana Belfiore y Mimí Szleszynski. “Bailar es una decisión que renuevo constantemente, atraviesa todos los aspectos de mi vida. Cuando bailo, encuentro una gran satisfacción. Voy superando mis propios límites y, al mismo tiempo, lidio con ciertas frustraciones (la contracara del “sueño del bailarín profesional”), relacionadas a la incertidumbre y a las exigencias de la disciplina. De todas formas, acepto felizmente esas dicotomías relativas a la danza porque tengo la convicción de que los bailarines somos actores políticos, y la danza una práctica social, movilizada por una vocación de comunicar, de conmover y ser conmovidos”.


Elisa Michel

“Bailar es lo que quiero hacer todos los días: lo elijo, lo amo y lo necesito”. Así describe Elisa Michel (20) su relación con la danza. Con sólo cuatro años, comenzó a bailar jazz y danza contemporánea en el Instituto Ysis –con Silvana Ferrari y Mariana Cabrera–, en Gualeguaychú, Entre Ríos, su municipio natal. A los doce, incursionó en clásico en el instituto de Silvia Marchesini, donde se enteró de la existencia del Taller de Danza Contemporánea del Teatro San Martín a través de una compañera, y decidió audicionar. Tras haber pasado la prueba, dejó su amada ciudad para radicarse en Buenos Aires: “El Taller es un lugar gratificante. Además de tener una formación profesional con excelentes maestros, me dio la confianza para seguir en un camino tan arduo como el de la danza”. Según Elisa, se trata de un espacio en el que los problemas no suponen una dificultad, sino más bien una posibilidad de crecimiento. “Una vez que alguien conoce realmente la danza, no puede dejarla”, asegura.


Facundo Eduardo Idio 

Nacido en San Miguel, Provincia de Buenos Aires, Facundo Eduardo Idio (23) comenzó a bailar a los trece años en la Escuela de Comedia Musical de Valeria Lynch. “Fue gracias a mi tía: ella vio que me gustaba bailar desde muy chico”. Dado que su familia no podía costearlo, su tía solicitó una beca para él y le fue otorgada. En ese entonces, asistía a una escuela técnica y su único horario libre era los sábados, por lo que se anotó en comedia musical, la disciplina más cercana a lo que quería aprender. Luego de tres años de estudiar allí, comenzó a entrenarse en jazz, ballet y hip hop. Su talento lo llevó, en el marco de los congresos internacionales que organizaba la escuela de Valeria Lynch, a obtener dos becas: la Jacob´s Pillow (2013) y otra en la Universidad de Point Park, en Pittsburgh, Estados Unidos (2015). Facundo sólo pudo aprovechar la primera de ellas. En 2014 estudió Teatro Musical en la Escuela de Danzas de Julio Bocca y, al año siguiente, ingresó al Taller del San Martín, gracias a algunas de sus maestras de danza como Julieta Carbonell, y más tarde, Sonia Von-Potobsky, quienes lo convencieron de intentarlo. Poco tiempo después, sufrió una lesión en la columna y tuvo que dejar el Taller para rehabilitarse. Pero unos meses más tarde se reincorporó, aunque por su ausencia tuvo que recursar en 2016. Nada lo detuvo: estaba feliz de volver al Taller. Diariamente, Facundo viaja más de cuatro horas para poder formarse. ¿Qué es bailar para él? “Es mi vida, mi pasión, todo lo que amo. Es tener un instante en el que realmente soy yo”.

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Becas 2016

Oriundo de Salta, Gastón Bongiovanni comenzó su formación en 2006 en la Academia de Liliana Rinaldi, donde incursionó en jazz, clásico, hip hop, ritmos caribeños y zapateo irlandés. A fines de 2012 estudió contemporáneo con la coreógrafa Sandra Rearte y, un año más tarde, viajó a Buenos Aires para ingresar al curso de varones del Instituto Superior del Teatro Colón. Luego se perfeccionó con Martín Miranda en la escuela Arte XXI y tomó clases particulares con maestros como Aichi Akamine en 2014. Al año siguiente audicionó con éxito en el Taller de Danza del Teatro San Martín: “Tanta dedicación dio sus frutos”, dice Gastón emocionado. “La atención de los maestros está puesta en el crecimiento de cada uno de nosotros”. Para Gastón, hoy el Taller es su familia y le da la posibilidad de ser su mejor versión. “Bailar soy yo. Me termina de formar internamente. Me moviliza. Me permite estar presente, poder disfrutarme en cada paso, hacer vibrar mi vida”.

Eliana Picallo nació en Pigüé, “un pueblito de la Provincia de Buenos Aires, cerca de Bahía Blanca”, describe con humildad. A los siete era hiperactiva y, como nada la entretenía, espiaba a las alumnas del Instituto Coreográfico Pigüé: “Un día salió la profesora y me dio un papelito con los horarios para que arrancara a estudiar clásico”. Sus primeros pasos en contemporáneo fueron a los doce, pasando por técnicas como Flying-Low, Graham y Muller, hasta que terminó el secundario y decidió audicionar para el Taller: “En ese momento no sé si era consciente del lugar al que entraba, pero sentía que tenía que estar ahí”, confiesa. “Quisiera que la formación no termine nunca, porque el abanico de posibilidades y desafíos que propone el Taller es increíble, como experimentar mi lado compositivo, que era algo que jamás había transitado”. ¿Qué es bailar para Eliana? “Ser uno mismo en su mayor expresión sin pensar en nada externo. La danza no es algo en mi vida, sino que es mi vida”.

A los diecisiete años Marcos Ormeño estudió folclore en Villa Unión, Provincia de La Rioja. Por entonces, su mamá le recriminaba que sus únicas actividades eran la escuela y el básquet. Pero de pronto la danza se volvió más importante: “Mi papá es músico, mi madre ama la danza. El arte está en mis venas”, confiesa. Un año después viajó a la capital de su provincia para aprender danza contemporánea y técnicas mixtas. Marcos formó parte del Ballet Municipal durante tres años, profundizando en diversas técnicas. En Santa Fe conoció a integrantes del Ballet Martín Fierro, quienes lo invitaron a bailar y le contaron del Taller del San Martín. Aunque no se tenía mucha fe, en 2014 se animó y probó que podía: “No había estudiado clásico, por lo que tuve sólo medio año para aprender. Mientras, era alumno condicional”. Marcos superó el desafío de asimilar la danza clásica a los veintidós años. “Estoy muy agradecido con Norma Binaghi por darme la oportunidad de una formación académica por primera vez en mi vida. Antes me movía por la emoción, sin entender muchos aspectos de la danza”. Al bailar, Marcos disfruta explorando mundos propios y aquellos que los coreógrafos le proponen. 

A los ocho años Andrea Pollini le anunció a su familia que quería bailar. Y lo logró: la llevaron a la Escuela Municipal de Danzas Norma Fontenla en Mar del Plata, donde vivía hasta que se mudó a Buenos Aires. El sueño de Andrea era vivir de la danza, a la que define como una necesidad básica. “Disfruto muchísimo bailar y compartirlo con quienes quieran apreciarlo. Por eso, estudiar en el Taller es alcanzar un lugar increíble de formación profesional y artística, pero también humana”. A sus veinte, hoy está cursando el último año, mientras se perfecciona en danza clásica en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón.

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Becas 2015

MATÍAS CORIA, 20 AÑOS 

“Ganar esta beca fue un enorme logro personal, lo siento como un premio a tantos años de esfuerzo. Además, es una gran motivación ya que me ayuda a vivir tranquilo, sin ningún tipo de ayuda económica, con la beca me puedo dedicar a mi pasión, la danza”.

Matías nació en la provincia de San Luis, en el pequeño pueblo de Unión, en el que todos los vecinos se conocen. Como es tradición allí, a los 5 años empezó a bailar folklore, y cuenta que, a pesar de su cortísima edad, “algo de eso me atrapó y quedé metido para siempre en el mundo de la danza”. Años después, estudiando danza clásica en la ciudad de San Luis, oyó hablar del Taller Contemporáneo y se dio cuenta de que lo que había empezado como un hobby se estaba transformando en una pasión que quería perseguir profesionalmente.

Fue así como en el año 2013, mientras terminaba de cursar la escuela secundaria,  participó de una audición por video para el Boston Ballet, en EE.UU. Sin demasiadas expectativas, envió su DVD… y resultó seleccionado para asistir, becado durante dos meses, para perfeccionarse técnicamente en una de las compañías de ballet más importantes de Norteamérica. Ese mismo año llegó también a la final de los Premios Julio Bocca.

Al regresar a la Argentina, participó de las audiciones para ingresar a la compañía de ballet dirigida por Iñaqui Urlezaga, y fue el único entre 200 candidatos que llegó a la etapa final de selección. En ese momento, decidió focalizarse en su proceso de formación académica e ingresó al Taller de Danza Contemporánea del Teatro San Martín, presente en su mente desde hacía tantos años.

Matías recuerda con mucho cariño hasta hoy a su maestra en San Luis –Laura Torres Cappiello, a quien considera su gran mentora, amiga, y consejera-. Nos cuenta convencido que fue gracias a sus consejos y apoyo que logró entrar al Taller y ganar la Beca Ana Itelman: “Ganar esta beca fue un enorme logro personal, lo siento como un premio a tantos años de esfuerzo. Además, es una gran motivación ya que me ayuda a vivir tranquilo, sin ningún tipo de ayuda económica, con la beca me puedo dedicar a mi pasión, la danza”.

 

DAMIÁN SABAN, 22 AÑOS

“Que en segundo año tengas la posibilidad de que te vea el director de una compañía como el Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín es una oportunidad única en la vida. Y haberla ganado entonces, es un reconocimiento a la constancia y paciencia que hay que tener para dedicarnos a esto”.  

A los tres años, Damián se inició en el mundo de la danza, acompañando a su hermana mayor que estudiaba danzas folklóricas, en el pueblito de Hermoso Campo, en el Chaco. De hecho, sigue conectado con el folklore, habiendo bailado hace muy poco en el Festival de Cosquín 2016. “Siento que bailo desde que estaba en la panza de mamá y le agradezco a la vida que me permitió dedicarme a esto”.

Siendo el mayor de 4 hermanos, siempre fue muy independiente. Por eso, siguió estudiando danzas regionales, flamenco, y clásica, a la vez que completaba sus estudios: “Mamá me apoyaba, incluso cuando le dije que me quería ir  a Resistencia a perfeccionarme. Pero siempre insistiendo en que terminara la secundaria”. 

Estudiando danza clásica en Resistencia, obtuvo una beca para estudiar en el Ballet del Chaco y luego en la Compañía Nacional de Danza, ya en Buenos Aires. Pero había oído hablar del Taller de Danza Contemporánea del Teatro San Martín y decidió presentarse a una audición. Y resultó seleccionado. Damián cuenta que “te dan una formación que no existe a nivel mundial, que va más allá de lo académico, por la calidad de personas que conforman el taller”.

Al enterarse de la existencia de la Becas Ana Itelman, decidió presentarse: “Que en segundo año tengas la posibilidad de que te vea el director de una compañía como el Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín es una oportunidad única en la vida. Y haberla ganado entonces, es un reconocimiento a la constancia y paciencia que hay que tener para dedicarnos a esto”.  El apoyo económico brindado por la beca le permitió dedicarse con tranquilidad a sus estudios en el Taller. Y le permite pensar en concretar un sueño: que su mamá lo vea bailar como miembro del Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín, en un futuro no muy lejano.

 

 

2015